La “cultura del cringe” surge como una forma de control social informal en redes sociales, pero también se manifiesta en las interacciones cotidianas de la vida. Conductas consideradas incómodas, vergonzosas o excesivamente entusiastas son compartidas y ridiculizadas.
Muchos profesionales de la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) han ingresado al mundo laboral condicionados a evitar cualquier apariencia de vulnerabilidad emocional o de ambición genuina. Las reglas no escritas del juego son claras: no te esfuerces demasiado, no te intereses demasiado y evita “dar cringe”.
En la cultura del cringe, educadores y expertos en desarrollo saben que el miedo al fracaso puede inhibir el aprendizaje y el crecimiento en el aula. El costo de la cultura del cringe en el ámbito laboral, son carreras estancadas y un crecimiento profesional truncado.
Esta hiperconsciencia genera una extrema sensibilidad al rechazo social y una preferencia por comportamientos de “ir a lo seguro” y “mantenerse en su carril”. El miedo a la humillación se combina con el miedo a ser visto como alguien que “se esfuerza demasiado”. El desapego emocional se ha vuelto un modo predeterminado para los trabajadores de la Generación Z enfocados en la autopreservación. “Si no saben que lo intenté, no pueden juzgarme si al final fracaso”.
La llamada “mirada Gen Z” ha sido documentada e interpretada ampliamente como grosera o irrespetuosa. Pero estos comportamientos comunes revelan un conflicto interno y una falta de seguridad psicológica. El miedo a ser “cringe” puede generar conductas que frenan el desarrollo profesional.
Fuente: https://forbes.co/2025/08/20/capital-humano/generacion-z-y-la-cultura-del-cringe-en-el-mundo-laboral