No se puede dar por sentado un cliente nuevo vuelva y se convierta en un cliente habitual o frecuente, pero hay ciertas cosas que puedes hacer para que sea más probable, y no estamos hablando de programas de fidelización o regalos. Hay un método más fácil y noble; la transparencia.
La transparencia del negocio consigue mejores clientes, genera confianza, consiguiendo que sea más fácil para ellos volver y así, sin quererlo, se convierten en un cliente habitual. Esa capacidad de inspirar confianza, lealtad y emoción genera una estabilidad al negocio. Lo hace más valedero y por ende, rentable.
Preocuparse más por adquirir nuevos clientes que por cuidar de los que ya tienen no es la solución. Ser transparente con lo que se ofrece y proactivo con el entorno, es solo el principio de la mejor estrategia para alcanzar el éxito a largo plazo, manteniendo al cliente habitual, y a la vez, consiguiendo nuevos clientes. Después de todo, la retención es casi siempre más barata que la adquisición.
Es más fácil aumentar el valor de por vida de un cliente que reducir los costos de adquirir uno nuevo. Proporcionar información transparente y útil durante el primer contacto. Sólo prometer lo que sabes que puedes cumplir, asegurará que estén satisfechos con los resultados, así el cliente se convertirá en un cliente habitual que sabe que lo que se le ofrece es real.
Un cliente habitual -o frecuente- es la base de la rentabilidad a largo plazo. Se caracteriza por su lealtad, confianza ciega en la marca y un conocimiento profundo de los productos o servicios a los que accede. Para el negocio, aporta ingresos estables que ayudan a reducir drásticamente los costos operativos.
Fuente: https://www.entrepreneur.com/building-a-business/entrepreneurship/the-simplest-way-to-turn-one-time-buyers-into-repeat-customers-and-it-wont-cost-you-a-dime


