A pesar de todas las previsiones que cualquier empresa (grande, mediana o pequeña) tenía contempladas, la emergencia del Covid-19 no fue una de ellas. Sin embargo, esta crisis no ha perjudicado sólo a los negocios. Aquí y en cualquier parte del mundo, la pandemia nos ha puesto a prueba a todas y todos.

Cuando la economía se detiene de una forma drástica, comenzamos a comprender qué tanto afecta a la vida de las personas: desde la interrupción de las rutinas, la falta de dinero, la ansiedad hacia el futuro, la ruptura en las costumbres que dábamos por sentado, etc. Todo eso se refleja también en la vida de una empresa a través de sus empleados, clientes, socios, directivos.

Pero, ¿hasta qué punto la empresa se involucra en el bienestar de los que son parte de su funcionamiento? La época en que debía verse como un negocio sin rostro, alejado de la gente y sin importar qué tipo de mercado atiende, se ha borrado definitivamente. Por supuesto, esto no se limita a las empresas que se perciben más inmediatas: mientras más grande sea, más se notará su indiferencia. La cosa es que veremos una competencia entre las grandes empresas y las más pequeñas: todos los niveles necesitarán una forma de reactivarse porque nadie quedó a salvo.

Sin embargo, existen varias propuestas, muchas de las cuales todavía no se han convertido en una realidad, pero que bien podrían convertirse en la solución para esta crisis que no desaparecerá de la noche a la mañana, tales como: el otorgar un mayor plazo para el pago de los impuestos; crear planes flexibles para préstamos, rentas e hipotecas; ajustes a los modelos de negocio y creación de empleos desde el gobierno.

Estos dos últimos son los que se han comenzado a implementar, tanto a nivel estatal como federal, y desde el sector privado ya ha habido esfuerzos, como los de Volkswagen, que permitió a muchos de los que compraron o rentaron un auto con sus concesionarias, interrumpir las mensualidades hasta por tres meses. Ahora bien, existen también algunas medidas que deben empezar desde ya, sobre todo en las empresas medianas y pequeñas, para que la reactivación económica también empiece desde su interior:

Pensar bien antes de comunicar. La manera en que reaccionaron varias empresas (y empresarios, por lo tanto) se convirtió sobre todo en un asunto de reputación. No es lo mismo decir a la prensa que se hará todo lo posible por apoyar a los trabajadores, que realmente hacerlo. Ejemplo: Starbucks y Elektra. Por desgracia, la cadena de cafeterías estadounidense decidió que su personal tendría que irse a casa (para protegerse de la pandemia) sin goce de sueldo. Y en las empresas de Salinas Pliego decidieron no tomar medida alguna.

Si algo debemos aprender de esto, es que es importante pensar muy bien antes de comunicar un plan de emergencia; pero, sobre todo, que el plan que compartiremos se convierta en una realidad que responda a las exigencias del momento: ¿cuáles son las carencias que vienen? ¿qué necesitarán tus empleados? ¿cómo proteger tu negocio sin descuidar a tu capital humano?

La reinvención de la empresa. Este tipo de crisis son la ocasión ideal para replantear el modelo de negocio, la oferta de valor y las dinámicas de trabajo en todas tus áreas que te permitirán reconocer ciertas oportunidades que no habías considerado antes (ya sea la opción de vender tus productos sin necesidad de una tienda física o que algunos de tus trabajadores cumplan sus objetivos sin poner un pie en la oficina), lo que se traducirá en menos inversión de recursos y más flexibilidad en tiempos complicados.Quizá, incluso, es el turno de esas ideas que antes pensábamos disparatadas, pero que en realidad son creatividad pura en medio de esta vorágine de cambios de paradigma.

La unión hace la fuerza. Además de estar presente para tus clientes, socios, inversionistas y colaboradores, es momento de crear lazos fuertes con los de tu gremio, mercado o sector; tu competencia más feroz. Esto no quiere decir que no pueda haber cooperación para momentos de crisis. Lo que tú ofreces se puede complementar con la oferta de otro o bien en una amalgama para buscar planes de rescate ante una autoridad financiera o gubernamental. Bien organizadas, este tipo de colaboraciones aportan más de lo que consumen en tiempo.

Todo lo anterior es un reflejo de lo que se ha visto los últimos meses. Inditex dejó la producción de ropa fast-fashion y se dedicó a la elaboración de indumentaria para personal médico. Grupo Modelo donó 600 mil botellas, envasadas como si fueran una Corona, a grupos vulnerables durante esta pandemia. Google -por su parte- ha liberado funciones premium de sus Hangouts Meet para que empresas, profesores, familiares y amigos, por ejemplo, puedan tener reuniones virtuales hasta con 250 participantes.

Este tipo de acciones, aunque responden a necesidades urgentes para este contexto, no deberían quedarse en la memoria, tendrían que ser parte de las acciones que nos recuerden que no se trata sólo de hacer dinero, sino de crear valor.

Comunicación, reinvención, unión y cooperación podrían ser un nuevo mantra para los que continuarán y los que están por venir, gracias a los muchos aprendizajes que esta crisis nos obliga a meditar. Es parte de toda evolución, pues los que se niegan a adaptarse a los cambios, están condenados a desaparecer. Y esa es la gran oportunidad que nos da una crisis.

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. En la crisis nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quién supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar superado” Albert Einstein.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar para superarla.

Fuente: Forbes https://www.forbes.com.mx/la-gran-oportunidad-que-da-una-crisis/